Aquí estudiaré rumano mientras me acuerdo del “Buenos días princesa!”
Tras la visita, decidimos comer en un restaurante del centro. Algo típico rumano: salata de vinete (una especie de potaje de berenjena brutal, como un puré de patatas), snitel de porc (filete de cerdo empanado) y, de postre, clatita (crepe rellena de mermelada) y un cafelito con leche. Todo por el módico precio de 33 Lei (7 pavis y pico al cambio).
Salimos del restaurante y nos dimos un garbeo por la ciudad: nos tomamos dos cerves en una terracita por 4 pavos, visitamos el Km.0 de Bucarest y asistimos a una boda Rumana! Que pintas, que pedo y que musicote! Entre paseo y paseo, acabamos en la otra punta de la ciudad, en un decatlon de las afueras, junto a un carrefour, donde compramos algo de ropa y provisiones (sobre todo cerveza), y donde pudimos ver como una horda de rumanos mazadísimos asistían a un torneillo de pulsos donde demostraban su hombría. Entre gritos y lloros, alguno que otro salió del centro comercial con una copita de hojalata de color oro. Todo un espectáculo digno de estudio y admiración.
Para acabar el día, terminamos regateando con unos pesetillas para que nos llevaran de vuelta a la resi. Uno nos intentó timar (10 pavos por 10 km!! Qué locura! Qué alboroto!!) A si que nos fuimos con el que nos cobró la mitad.
Ahora, después de cenar, bajaremos a dar un garbeo por los garitos de la ciudad y a tomar unas copillas. También llamaremos a un par de pitutis, una española y una italiana que están en la 504 (pillos de nosotros que vimos su nombre en la lista de la residencia...) Esperemos que no sean dos orcos de Mordor, Alberto por tu padre! No lleves puesto el anillo! jajajaja





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