Este es el primero, del que espero sean muchos más escritos de mi estancia Erasmus en Bucarest. La verdad es que en unas ocho horas he pasado por multitud de estados de ánimo: cansancio, sueño, euforia, melancolía, miedo, vergüenza e incluso confusión. Ahora mismo estoy bastante cansado, pero es que me echo en la cama y no consigo dormirme; quizá sea por que hace un calor de cojones, por que quiero estar despierto cuando llegue mi nuevo compañero de piso (que por cierto, debe de estar al caer…), o por que simplemente es el primer día y uno no ha asimilado todavía este cambio tan repentino.
Salí de madrid a las 2.20 de la mañana, de un viernes 26 de agosto de 2011, tras despedirme de mi madre, mi hermana y chema a eso de las 12.30 y estar esperando a embarcar durante dos horas. El viaje en avión? Sinceramente, UNA PUTA MIERDA. Es cierto que viajé con una compañía de low-cost (WIZZ Air), pero no pude pegar ojo en todo el viaje. Asientos muy estrechos e incómodos, un santo rumano en el asiento de atrás dando por culo con sus pataditas (supongo que por los nervios) y una niña pequeña llorando hacían imposible el dormir en condiciones. Las azafatas estaban muy buenas, pero solo hablaban en rumano (o húngaro, o no sé qué coño) y no se les entendía una mierda. Lo único bueno del viaje fue que tardamos bastante poco (unas 3 horas y media) y que ha sido la primera vez que no he notado nada ni el despegue ni el aterrizaje. Además me sorprendieron bastante los aplausos y la euforia de los pasajeros cuando el avión aterrizó… La primera vez que lo veo. Supongo que los rumanos quieren mucho su tierra y valoran aún más sus vidas tras viajar en avión.
Ya en el aeropuerto me quedé con la cara de asombro. Sinceramente, nada más bajar del avión pensé que estaba en un país tercermundista. Del avión bajamos directamente, por las escaleras, sin pasarela ni nada, y una vez en la pista (bastante pequeña, por cierto), un autobús nos acercó a la salida, donde nos esperaba la policía, para revisar el pasaporte (muy útil después del por culo que dio en España) y las maletas, en una cinta de transporte, que parecía un cubilete de ropa durante las rebajas: muy pequeñito y rodeado de buitres esperando para cazar su presa. La verdad es que cuando ves lo que hay fuera, valoras realmente lo que tienes en tu casa: Barajas es a Baneasa lo que el Palacio Real a una chabola de las Barranquillas. También tengo que decir que es una gran putada estar en un país extranjero sin saber absolutamente NADA sobre él: lo de intentar comunicarte con otras personas en un idioma diferente que no conoces te hace sentir realmente estúpido, inútil e impotente, además de indefenso por que no sabes qué coño te va a pasar, ni qué cojones te están diciendo los autóctonos. A si que, aunque te llamen “hijoputa” en rumano, tu simplemente dices “No thank you! I have a taxi already!”, sonríes, y te piras.
Tras salir del aeropuerto, vino la primera pequeña aventura: buscar al pesetilla que me llevaría a la resi. Y eso que lo había reservado cuando saqué el billete para evitar que me timaran (por lo que dice todo el mundo, hasta los rumanos, los pesetas de los aeropuertos rumanos son la peor escoria de todos los pesetas del mundo). Pero me dio igual, cuando salí del aeropuerto, una manada salvaje de conductores trileros pretendían llevarme gritando aquello de “Oficial! Oficial! 1.39 LEI! Oficial!”. De hecho uno de ellos casi me obligó a meterme en su taxi aun cuando le dije que ya tenía el taxi reservado de WIZZ… un poco más y me mete a palos en el maletero. Menos mal que al poco llegó mi salvación: un gordito que parecía ser indio, se acercó hacia mí con un cartel que ponía “WIZZ” mientras me decía en inglés “WIZZ Taxi?”. “Yes!” le respondí, y en aquel momento me alegré por que ya casi estaba en “casa”.
Después de un viaje de cuarto de hora hablando sobre la ciudad: el tiempo, el ambiente, la fiesta, las mujeres… llegamos al destino. Y allí estaba otra vez el idioma. Yo no soy dipomático, ni sé cómo administrar una empresa, pero, vamos a ver… manda cojones que la recepcionista de una residencia de estudiantes Erasmus no tenga ni puta idea de inglés y te explique las cosas en rumano. Lamentable. Entre una que se expresa despacio y el otro que no la entiende y que se expresa aún peor… pues al final los dos acaban hablando en su idioma, usando gestos, y dando como resultando un espectáculo de lo más cómico a la par que absurdo. Lo único bueno es que mi nombre aparecía en la lista, a si que no tuve muchos problemas salvo que no entendía ni papa de lo que me decía… y eso que le dije “I don’t speak rumanian!” Pero eso a ella le daba igual.
Cuando por fin conseguí la llave y llegué a la habitación me volví a quedar con la cara de asombro: esto es como una puta ratonera. Tres camas, un baño con olor raro, un armario y tres mesas de escritorio; además de una nevera que huele a podrido que no veas junto a un microondas y una sandwichera con más mierda que los cojones de un grillo (cómo es posible que la gente sea tan sumamente cerda?). Aunque, para ser sinceros, tras unas horas aquí ya me he acostumbrado; mirándolo bien no está tan mal… Tengo un techo en el que dormir, la cama está blandita, hay sábanas limpias y almohadas, y tenemos un balconcito muy majo que da a una de las avenidas más tochas de Bucarest (aunque no corre ni gota de aire). Justo enfrente tenemos una central nuclear, y a dos pasos el carrefour, a si que está genial por que nunca nos va a faltar energía, radiación y comida para sobrevivir. Aún así echo mucho de menos una cocinilla y una lavadora. Además los precios están tiraos, con eso de que un euro son 4 Lei, aquí uno con 400 pavos se siente como el dueño del perico (al cambio son unos 1600 Lei), a si que por el dinero no me preocupo nada, y eso es un quebradero menos de cabeza.
Creo que por hoy no hay nada más. Intentaré dormir algo, y a las 9 bajaré a ver si me ponen internet en la habita (5 pavis por un mes de internet está de puta madre), así podré hablar con los míos, que ya les echo de menos.
Hasta mañana.
Post Data: ya hemos conseguido internete (es evidente, si no, cómo coño escribiría esto?). Conseguirlo ha sido gracioso. Primero la recepcionista nos dijo que a las 9. Efectivamente, a las 9 no estaba listo, nos dijeron que para el lunes, a si que con las mismas, nos fuimos a cenar al Pollo Frito de Kentuky (KFC para los gringos). Tras la cena, al entrar, la recepcionista nos dijo que si que estaba internet, a si que para allí fuimos. Tras 20 minutos esperando (en principio eran 5, pero… “esto es Rumanía!” como nos dijo un obrero), subimos a un 4º piso de un edificio típico de una peli de miedo para firmar el contrato. Me sentí como un yonki que compra cocaína y firma un contrato para ello: lo firmamos en la habitación de la mujer, llena de bártulos, ambiente gótico rodeado de hornillos desechos, trastos y demás mierda. Espero poder volver a España y no acabar en la cárcel, por que madre mía que mala pinta tenía la mierda que firmamos!! Jajaja. Pero bueno, 25 Lei un mes (unos 6 pavis al cambio) son un buen precio a pagar por internet de 10 megas no?
Ah! Por cierto! Mención especial tienen los franchutes que acabamos de conocer! Se han quedado con la cara de asombro cuando nos han visto con los portátiles aquí, viendo porno… Pobres gabachos… Nos decían “Dónde habéis conseguido internet! Es que la de recepción solo habla rumano!!” (todo esto en un inglés digno del mismísimo Emilio Botín). Pobrecitos… Al parecer los españoles si que somos los putos amos!! Jajajajajaja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario